Las luces de la mañana
continúan con las pausas que yo me regale, las confundo con manecillas y veo brillo
rellenando las miradas de personas medio vivas, medio muertas, medio tibias.
Cada sueño que escupo se vuelve un refugio para las promesas que se caen a
pedazos, que se hunden en la tierra y no quiero ayuda de ningún enfermero
apaciguador.
Se vive envenenado por
derecho y morbo propio, por compromiso con la nostalgia, por cariño a las horas
pensando en excusas repetitivas para dejar de ser mejor. Nos queda el
desenfrene de los fines de semana, las bebidas fuertes y los besos largos; Cada
vez que siento la compañía del caos, el orden confunde su tarea y me revuelve todavía
mas.
Son las mariposas de la zozobra que dejan con su vuelo
esporas en mi sofá, vuelan, ¿Por qué no dejan de volar?, alguien cuénteme de un
antídoto para obligarlas a marcharse y detengan su cruel tarea de quererme envenenar.
Al paso que se mojan las ruedas de todos los automóviles, que se embisten como
bestias enfurecidas, las piernas se carcomen, el corazón relata pequeños
cuentos cortos, yo continuo en mi tarea de dejar de ser ruina y convertirme en
aquella ventana, pared, techo y casa… en la que tu quieras habitar